Estamos al borde de una revolución tecnológica que alterará drásticamente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos entre nosotros. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será diferente a todo lo que la humanidad ha experimentado antes, ya que está evolucionando a un ritmo exponencial en lugar de lineal. La amplitud y profundidad de estos cambios anuncian la transformación de sistemas completos de producción, gestión y gobierno.

La Cuarta Revolución Industrial se caracteriza por una fusión de tecnologías que está borrando las líneas entre las esferas física, digital y biológica. Aún no sabemos cómo se desarrollará, pero una cosa está clara: la respuesta debe ser integrada y global, con la participación de todos los interesados en la política mundial, desde los sectores público y privado, hasta el mundo académico y la sociedad civil.

Las posibilidades de miles de millones de personas conectadas por dispositivos móviles, con una capacidad de procesamiento, de almacenamiento y acceso al conocimiento sin precedentes, son ilimitadas. Y estas posibilidades se multiplicarán por los avances tecnológicos emergentes en campos como la inteligencia artificial, la robótica, la Internet de las cosas, los vehículos autónomos, la impresión 3D, la nanotecnología, la biotecnología, la ciencia de los materiales, el almacenamiento de energía y la computación cuántica.

Esta Cuarta Revolución tiene el potencial de elevar los niveles de ingresos globales y mejorar la calidad de vida de las poblaciones de todo el mundo, pero a la vez, como han señalado los economistas Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, podría generar una mayor desigualdad, particularmente en su potencial para perturbar los mercados laborales. Como la automatización sustituirá al trabajo en toda la economía, el desplazamiento neto de trabajadores por parte de las máquinas, podría exacerbar aún más la brecha entre los rendimientos del capital y los rendimientos del trabajo.

Como afirma Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, “en el futuro, el talento, más que el capital, representará el factor crítico de la producción. Esto dará lugar a un mercado laboral cada vez más segregado en los segmentos de “baja calificación / baja remuneración” y “alta calificación / alta remuneración”, que a su vez conducirán a un aumento de las tensiones sociales. Al final, todo se reduce a las personas y los valores. Necesitamos dar forma a un futuro que funcione para todos nosotros, poniendo a las personas primero y capacitándolas con fuertes habilidades sociales y de colaboración”.

El cambio inexorable de la simple digitalización (la Tercera Revolución Industrial) a la innovación basada en combinaciones de tecnologías (la Cuarta Revolución Industrial) está obligando a las empresas a reexaminar la forma en que hacen negocios. Sin embargo, el resultado final es el mismo: los líderes empresariales y los gestores deben entender su entorno cambiante, desafiar los paradigmas establecidos e innovar de manera continua e implacable y para ello, el factor esencial es disponer y potenciar el talento en las organizaciones.

Sin embargo, los sistemas de educación y capacitación, que han permanecido en su mayoría estáticos y con poca inversión durante décadas, son en gran medida inadecuados para estos nuevos mercados laborales. Además, un sesgo de género está introduciendo una mayor ineficiencia y desigualdad. Por ello, debemos repensar la forma en que el talento se desarrolla y despliega en el mundo. Esto requerirá romper viejos silos entre sistemas educativos y mercados laborales, enfoques de regulación más ágiles, nuevas formas de colaboración público-privada y nuevas normas y valores. La Iniciativa del Foro Económico Mundial para forjar el futuro de la educación, el género y el trabajo, busca garantizar que el talento se desarrolle y se despliegue para el máximo beneficio de la economía y la sociedad. Su objetivo es construir un ecosistema reuniendo a una comunidad de empresas, responsables políticos, la sociedad civil y otros líderes.

La Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo 2006_962_CE ANEXO I, del de 18 de diciembre de 2006, “Un marco de referencia europeo”, establece una serie de “Competencias clave para el aprendizaje permanente” que “los ciudadanos del S XXI precisan para su realización y desarrollo personales, así como para la ciudadanía activa, la inclusión social y el empleo”. “Las competencias clave son instrumentos esenciales para una sociedad basada en el conocimiento, orientados a garantizar una mayor flexibilidad y pertinencia de la mano de obra. Ello permitirá la población europea adaptarse más rápidamente a la evolución constante de un mundo cada vez más cambiante e interdependiente. Estas capacidades constituirán también un factor esencial de innovación, productividad y competitividad, y se espera que contribuyan a la motivación y la satisfacción de los trabajadores, así como a incrementar la calidad del trabajo”.

El Marco de Referencia Europeo establece ocho competencias clave, que son una combinación de conocimientos, capacidades y aptitudes:

1, la comunicación en la lengua materna, que es la capacidad de formular correctamente e interpretar pensamientos, sentimientos, hechos y opiniones de forma oral y escrita y para interactuar lingüísticamente en términos comprensibles para los demás, de una manera adecuada y creativa, en todos los posibles contextos laborales, sociales y culturales.

2, la comunicación en lenguas extranjeras, implica, además de las mismas competencias básicas de la anterior, la mediación y comprensión intercultural. El grado de dominio depende en gran medida de las capacidades de escuchar, hablar, leer y escribir.

3, la competencia matemática y las competencias básicas en ciencia y tecnología, es la capacidad de desarrollar y aplicar un razonamiento matemático y científico para resolver problemas diversos en el desempeño cotidiano.

4, las competencias digitales, que conllevan el domino y uso seguro y crítico de las tecnologías en la sociedad de la información y comunicación.

5, aprender a aprender, competencia vinculada a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje, ya sea individualmente o en grupos, según las necesidades propias del individuo, así como a ser conscientes de los métodos y determinar las oportunidades disponibles.

6, las competencias sociales y cívicas remiten a las competencias personales, interpersonales e interculturales, así como a todas las formas de comportamiento de un individuo para participar de manera eficaz y constructiva en la vida social y profesional. La comprensión de los códigos de conducta y de las costumbres de los distintos entornos en los que se desarrolla es fundamental y entraña una comprensión de la responsabilidad de cada individuo como ciudadano.

7, el sentido de la iniciativa y el espíritu de empresa, que consiste en la habilidad de transformar las ideas en actos, y que está relacionado con la creatividad, la innovación y la asunción de riesgos, así como con la capacidad para planificar y gestionar proyectos con el fin de alcanzar objetivos.

8, conciencia y expresión emocional y cultural implica el autoconocimiento y la capacidad de detectar y manejar las emociones, la gestión constructiva de los sentimientos y la conciencia de la importancia de la expresión creativa de las ideas, experiencias y emociones, a través de una amplia variedad de medios de comunicación, incluyendo música, literatura y artes visuales.

Para que sirven la Competencias Clave del SXXI.

Los entornos de vida y trabajo en la era de la información competitiva a nivel mundial, requerirán para afrontar la vida y los entornos de trabajo complejos, el desarrollo de competencias para explorar el futuro del entorno, para pensar y actuar adaptativa, preventiva y/ o proactivamente y manejar las herramientas necesarias para abordar con éxito los recursos tecnoeconómicos y la innovación. La empleabilidad, que es el desarrollo de conocimientos, competencias y actitudes que permiten impulsar la carrera profesional en un entorno cambiante, ya no depende de lo que se sabe, sino de lo que se puede aprender, de la Aprendibilidad: la curiosidad y la capacidad de aprender nuevas habilidades para mantenerse empleable a largo plazo.

Las Competencias Clave serán absolutamente necesarias para gestionar los desafíos de la Sociedad Digital en todos los ámbitos, y especialmente en el Deportivo, que sobrevivirá gracias al carácter persona-persona de los servicios.

La Digitalización traerá robots dotados de inteligencia artificial capaces de aprender y corregir, que podrían sustituir a los gestores con ventaja, si sus funciones se limitasen a la gestión puramente técnica, al estilo de las que muchas veces se ven obligados a desempeñar, en función de la cada vez mayor burocratización de los servicios deportivos.

Sin embargo, en el cara a cara es donde el ser humano puede ganar la batalla a los robots, porque el ser humano es mucho más que una serie de competencias matemáticas o técnicas. Somos, por encima de todo, seres sociales y emocionales, para sentir lo que otro siente y comunicarle alegría, esperanza, compasión…, con la palabra y con el cuerpo, el gesto la mirada, el tacto, en definitiva, un soplo divino que ensambla mente-emoción-comportamiento en un resultado humano que ningún robot podrá alcanzar.

Estas competencias a menudo son descuidadas y hasta infravaloradas en muchas instituciones educativas, que ya deben reaccionar, incorporando su desarrollo a los programas educativos y formativos al mismo nivel que la capacidad de planificación o las finanzas, pues en breve, de poco va a servir saber de ajustes contables o tramitación de expedientes, si los profesionales del Deporte son incapaces de comunicarse con eficacia, de manejar sus emociones, empatizar con aquellos que les rodean y de desplegar todo su potencial en seguir creando las oportunidades para la sociedad, que hasta ahora han promovido los grandes logros del deporte en nuestro país.

Raquel Casero.