En el capítulo 1 y 2, de esta serie de tres artículos, proponíamos distintas acciones que podrían contribuir a una economía más sostenible en él ámbito del deporte andaluz. En la primera entrega se trataba de iniciativas relacionadas con el medio ambiente; en la segunda analizábamos otros sectores en los que se podían señalar objetivos de sostenibilidad. En este tercer capítulo hablaremos del fortalecimiento del estado social y de derecho.

El Deporte puede ser de gran importancia en distintas políticas sociales que influyen muy directamente en la construcción de un nuevo modelo socioeconómico. Factores como el envejecimiento demográfico, la cohesión social o la salud pública determinan y determinarán en gran medida un desarrollo sostenible.

El Deporte andaluz puede intervenir muy eficazmente como actor en aspectos tan trascedentes como:

Calidad de vida y envejecimiento.

La falta de actividad física aumenta la incidencia del sobrepeso, la obesidad y una serie de enfermedades crónicas, como las cardiovasculares o la diabetes, que disminuyen la calidad de vida, ponen en riesgo la vida de las personas y constituyen una carga para los presupuestos sanitarios y la economía. El Movimiento Deportivo, como herramienta para la llamada actividad física beneficiosa para la salud, tiene una influencia mayor que cualquier otro movimiento social. El deporte es atractivo para la gente y tiene una imagen positiva. Sin embargo, el reconocido potencial del Movimiento Deportivo para fomentar la actividad física beneficiosa para la salud a menudo se infrautiliza y necesita ser desarrollado”. Recogiendo esta reflexión del Libro Blanco del Deporte en Europa, enunciada hace más de una década, la Junta de Andalucía debe de mejorar la cooperación y coordinación entre las Consejerías de Salud y Familias y Educación y Deporte con el objetivo de fijar una Estrategia Andaluza de lucha contra el sedentarismo y el envejecimiento.

Ciudadanía y cohesión social.

Los principios como el juego limpio, la pertenencia a un grupo, la aceptación de unas reglas del juego, el respeto por el contrario, el esfuerzo y la solidaridad refuerzan la ciudadanía activa. El deporte resume estos valores y puede contribuir a crear sociedades más integradas facilitando el acercamiento a los jóvenes, las personas con discapacidad y los sectores más desfavorecidos. También el deporte es útil para la integración de los inmigrantes y las personas de origen extranjero, sirviendo de soporte al dialogo intercultural. Las administraciones andaluzas deben de utilizar el Deporte en las políticas, acciones y programas de inclusión social, fomentando la coordinación entre los actores sociales y el sistema deportivo. En este sentido, las actividades deportivas sin ánimo de lucro que contribuyen a la cohesión y a la inclusión social de los grupos vulnerables deben de considerarse servicios sociales de interés general.

Estabilidad de las finanzas públicas.

Las administraciones públicas andaluzas tienen que ser conscientes de que la racionalización del gasto en el ámbito de la gestión pública del deporte pasa por rediseñar la dimensión y las atribuciones de la administración deportiva y por:

  • Definir con más rigor las competencias de las administraciones públicas con responsabilidades en materia deportiva
  • Mejorar la coordinación institucional y evitar la duplicidad de actuaciones
  • Desarrollar nuevos modelos de gestión que mejoren la eficacia y eficiencia de los servicios.

En relación con esos nuevos modelos de gestión, se deben de sustituir los modelos, ya superados, de gestión directa de todos los servicios públicos del deporte, puesto que no parece que estos puedan dar respuesta a los retos futuros, porque:

  • La reciente crisis ha demostrado que los presupuestos públicos no van a seguir creciendo sin límite de gasto
  • No podemos crear nuevas prestaciones a base de contratar más empleados públicos
  • Los servicios deportivos públicos tienen que ser capaces de adaptarse con rapidez a las nuevas tendencias y demandas

Además tenemos la suerte de que nuestro sistema deportivo ha evolucionado y hay otros agentes, junto a la administración, capaces de gestionar servicios. En este sentido, la participación de estos nuevos agentes en la organización deportiva puede mejorar muchos procesos y pueden ser una herramienta de dinamización social y generación de nuevas oportunidades (empleo, negocio…).

El Deporte andaluz necesita comprometer nueva políticas que incentiven la colaboración público-privada con el objetivo de desarrollar un modelo en él que el deporte viable económicamente contribuya a la financiación del deporte que siempre tendrá que ser sufragado por la administración.

Los avances realizados en los últimos años en el ámbito local, con la financiación privada de determinadas instalaciones pueden ser un ejemplo a seguir. Si se consigue la participación financiera de empresas especializadas en la construcción de equipamientos deportivos o en el sostenimiento de algunos servicios, las administraciones podrán dedicar más recursos a los servicios deportivos esenciales.

Del mismo modo, la corresponsabilidad activa del tercer sector del deporte (federaciones, clubes, asociaciones…) en la gestión de determinados programas públicos puede ser el otro elemento motor del deporte andaluz del futuro. Entre el Estado y el mercado, las entidades sin ánimo de lucro vienen registrando una franca expansión a nivel europeo y el citado tercer sector está llamado a ser uno de los yacimientos de empleo más dinámicos de la próxima década.

Estas reflexiones sobre la sostenibilidad económica del deporte andaluz, por supuesto pueden trasladarse, con algunos matices territoriales, a toda España. Pero sobre todo, están en relación con los objetivos de desarrollo sostenible que Naciones Unidas ha señalado para todo el mundo en el horizonte 2030.

La Agenda 2030 identifica las 17 metas que la Comunidad internacional tiene que intentar alcanzar en la próxima década a favor de las personas, el planeta y la prosperidad. El Deporte no debe de permanecer ajena a este reto global y tiene que poner en valor su capacidad de movilización social para impulsar un nuevo modelo de desarrollo y una nueva manera de actuar que favorezca bien común.

 Juan Luis Navarro